dimarts, 3 de gener de 2017

Si decido seguir, seguiré

La cuestión era ¿seguir o no seguir? La opción más fácil sería la segunda y no seguir, puesto que eso es lo que haría una persona débil, una persona que se rinde fácilmente, que tira la toalla, y esa no quiero ser yo, no lo pretendo.

Seguir es la opción en luz verde, es el sueño, es la mano que te lleva a tu paraíso, pero asegúrate de agarrarla bien, de que no se resbale, de que no se suelte, de construir una buena base antes de empezar a colocar los tochos, porque eso de comenzar la casa por el tejado, es muy mío.

Pero, ¿qué estoy diciendo? ¿qué estoy escribiendo? ¿Un texto motivacional para gente deprimida con el lucro de subirles el ánimo? ¿Una reflexión para haceros pensar en lo que realmente queréis hacer con vuestra vida? O, ¿simplemente un escrito para decirme a mi misma lo lejos que está la meta y lo mucho que voy a tardar en alcanzarla? Si la alcanzo claro. Pero es bonito soñar. La gente que no tiene sueños no está viva, y perdonarme si no los tenéis, o todavía no los tenéis.
¿Y que importancia tiene preocuparse por si llegaré a la meta o no? Si la felicidad viene por el camino, si lo divertido es el esfuerzo, es la lucha, son las ganas por hacer aquello que te apasiona.

Creo que, firmemente, al final escojo la primera opción; seguir. Seguir mi camino, seguir mi sueño, conducir mi meta, conocer personas, conocer mundo, conocer-me.

Si tiro la toalla en algún momento de angustia, de presión, de depresión, de ira, no importa. La recogeré de nuevo, no se moverá de ahí, y esa vez me aseguraré de atarla bien fuerte a mis espaldas.

Si me planteo ¿seguir o no seguir? No importa, se que al final acabaré eligiendo la correcta.

Si decido seguir, seguiré y, en el remoto caso de que lo deje, de que no siga, de que me rinda, de que no encuentra la toalla, entonces, volveré a empezar.









-N

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